Un dia de concierto

Como parte del pensum de mi carrera (Ing. Eléctrica), tengo que ver una cierta cantidad de materias de estudios generales que tienen el fin de formarnos como profesionales integrales, este trimestre estoy viendo una inscribí una asignatura llamada “Del Medioevo al Barroco musical”

Una de las evaluaciones es asistir a al menos dos conciertos de música clásica, que si bien no entra en los géneros musicales que estamos estudiando en el curso, el profesor quiere que vivamos a la experiencia de ir a ver una orquesta tocar.

El mes pasado, asistí al primer concierto de la temporada de la Orquesta Sinfónica Teresa Carreño en el Centro de Acción Social para la música, un edificio preciosismo, que nada mas al llegar a la entrada principal, sabia que Carloz Cruz Diez había tenido parte en el diseño (y estaba en lo correcto), porque desde los mosaicos del suelo hasta el diseño de los asientos llevaba su estilo.

Corrí con la suerte de tener un asiento en apenas en la cuarta fila, así que estaba bastante cerca de la orquesta, a mi lado estaba sentado un señor mayor, que no paro de hablar (ni dejarme hablar) sobre la historia de la música  desde el momento que me senté en la butaca hasta que llegaron los músicos a comenzar a afinar sus instrumentos, a mi derecha tenia una encantadora señora italiana que no dejaba de tomar notas en su pequeña libreta.

Una de las cosas que me causo gran impresión fue el publico que asistió al evento, no estoy segura si es que aquí es diferente, pero la televisión siempre me había dejado la concepción de que solo las personas mayores con mucho dinero era los que asistían a estos conciertos, en cambio en esa sala tenias una mezcla genial de gente, de todas las clases sociales, desde niños hasta ancianos, todos compartiendo el mismo amor por la musica.

La orquesta tocó tres piezas, Los Preludios de Franz Liszt, Concierto para trompeta y orquesta en mi bemol de Joseph Hayden y la Sinfonía n 11 de Shostakich ( El año 1905),  Los Preludios fueron ni fu ni fa, pero ame y adore las dulces melodías del concierto de trompeta, y la Sinfonía de Shostakovich con la que cerro el concierto, El año 1905 es una obra poderosa, donde Los tonos dulces son dejados de lados por los sonidos de la guerra, tenias momentos de calma y tensión, que luego se transformaban es los sonidos de violencia y angustia de la guerra y la revolución, simplemente hermosa.

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Luego de dos horas, todo termino, y entre aplausos y brazos el publico se levanto de sus butacas para felicitar y agradecer por el espectáculo, el orgullo y felicidad se mostró en las caras de los músicos, menos en la de una de las violinistas que empezó a llorar, me pregunto porque lo haría, sus compañeros intentaban reconfortarla pero no paraba, hasta que le toco posar para una foto, y coloco una sonrisa como si hace dos segundos no hubiese estado secando sus lagrimas, con pañuelo que le ofrecieron.

Termine llegando a mi casa a las 3:30 de la tarde, agotada, pero alegre  por vivir una experiencia que abarco mucho más que ir a un concierto,  me aventure a ir a un lugar nuevo a hacer algo nuevo, interactuar con personas que se manejan en un ambiente muy diferente al mio, tengo que ir a otro en un par de semanas y realmente no puedo esperar.

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